
Los diseños de Valentina Camacho nacen del movimiento y nos acompañan, además, a movernos
Charlamos con la diseñadora venezolana radicada en Argentina sobre sus procesos creativos, los ojos de la migración en sus diseños y cómo acompaña a sus alumnas a crear sus propias estampas y a contar sus propias historias.
Entrevista a Valentina Camacho por Sofoco
Valentina es venezolana, diseñadora gráfica y se dedica a la moda desde el 2017, después de que una profesora en una especialización de Marketing de Moda en Buenos Aires le diera una devolución clave a su proyecto presentado, una pequeña colección de moda, a través de pañuelos. Te quedó muy bien, me parece interesante —recuerda Valentina— esta es una excelente pieza para empezar porque no tiene género, no tiene talle, no tiene temporalidad. Así nació, para finales del 2017, Valentina Camacho Pañuelos, junto a Ricardo Flores, ambos diseñadores gráficos, ilustradores y principalmente emprendedores.
En mis primeros pasos como diseñadora tuve un buen desempeño en lo que era el diseño de carteles, afiches y posters y los pañuelos muchas veces se le parecen, aunque tengan otro tipo de utilidad. Pero fueron justamente los pañuelos, los que me dieron la soltura para conceptualizar mis diseños y expandir mi mensaje y que llegue de una manera más personal a la gente. Construir la marca VC ha sido un proceso maravilloso, largo y de mucha transformación que también requirió de mucha iteración y flexibilidad y eso es lo que muestran las estampas. Siempre están en movimiento, como nosotros.

Contemplo arte, miro otros proyectos en áreas diferentes, como por ejemplo discos de música, para inspirarme. Los conceptos de las estampas suele venir de sentimientos y estados personales a los que puedo darle una representación gráfica, a ese feeling, por ejemplo el sentirse perdido y luego encontrarse, ¿sabes ese sentir?; ese es el pañuelo de perderse para encontrarse, después. Son sentires personales en un punto, porque en realidad son colectivos; lo que me lleva a terminar de revelar la idea, lo que quiero expresar y diseñarla en un estampado. Al crear, lo que me emociona es tener el desafío de trabajar con nuevas estéticas junto con la posibilidad de emocionar al público.
Quiero que las estampas puedan leerse y que la gente sienta su reflejo en ellas.
— Valentina Camacho para Sofoco
Parte del movimiento de las estampas de Valentina tienen los ojos de la migración. Vivió en Chile y ahora en Argentina. Los procesos migratorios latinoamericanos son únicos e irrepetibles en cada persona, aunque el movimiento tenga una raíz en común: se hace lo que se puede, con lo que se tiene y hacia dónde se puede. Y desde allí, plasmó su mirada del movimiento en sus diseños: hay pañuelos que refieren a lugares geográficos específicos y pañuelos que tienen elementos propios de las tierras que caminó. Así conecta al territorio y se conecta ella, con esos elementos que ahora le son propios. La creatividad es un espacio no solo de expresión sino también de sanación y de unión; un pañuelo Buenos Aires lo lleva puesto alguien que tuvo que emigrar de Argentina y desde ahí le acompaña. Desde la identidad para seguir transitando el proceso.

Moverme entre distintos lugares y países siempre va dejando huellas en mí y ampliándome la visión. Todo eso se refleja en mis diseños. Tal vez en algunos de manera literal, como por ejemplo tener diseños que son relativos a Buenos Aires, a Venezuela o Chile -lugares en donde he vivido- y no descarto que se puedan hacer para otros lugares también, es parte del mismo camino. Pero también hay otras representaciones que no son literales, pero sí forman parte.
La migración o cambiar de espacios, permite empaparnos de nuevas paletas de colores, nuevos estilos de dibujo, nuevos símbolos que inspiran muchísimo. En este sentido, tengo estampas muy coloridas que me recuerdan a como influye el sol en el Caribe (y en Venezuela) y estampas de colores más sobrios, que se relacionan más con el invierno del sur del continente -estación que no tenemos en Centroamérica-. El migrar siempre se nota y está presente en muchas decisiones creativas.
— Valentina Camacho para Sofoco

Hoy la marca VC no es solo Pañuelos. El proyecto abrió una arista académica: da cursos y workshops de diseño y creación de estampas. Son presenciales pero no solo técnicos. Valentina enseña cómo la emoción se expresa a través de una estampa y cómo esa estampa después deviene en una pieza que se viste. Y cuando la vestimos, no solo mostramos quiénes somos sino todo lo que está dentro y que nos forma. Vestir al cuerpo con piezas que muestran lo que el cuerpo lleva dentro. La construcción de lo que se es, que no es más que el cúmulo de sentimientos, vida y experiencias.
La conexión con mis alumnas y mis alumnos es una experiencia de mucho enriquecimiento. Para mí es la oportunidad de trascender, de no quedarme con lo que sé, sino transferirlo a otras personas y ver qué pueden crear a partir de ello. Ese es mi objetivo. Por supuesto surgen experimentos hermosos donde no solo yo les enseño a mis alumnos y alumnas, ellos y ellas también me enseñan a mí. «El que enseña, siempre aprende» ya dice el dicho.

También resulta muy interesante cómo pueden surgir diseños hermosos realizados en un tiempo que puede considerarse corto, ejemplo, 4 horas; son estampas que pueden ser más espontáneas y más desenfrenadas de lo que encontramos en el mercado generalmente y eso las vuelve más genuinas. Me gusta mucho conectar con esa forma del proceso creativo, más práctico; y aprender de lo que crean otras personas. Eso me motiva y me ayuda mucho, es una retroalimentación creativa para los alumnos y las alumnas y para mí.
Mi propósito siempre va a ser que las personas encuentren en mis diseños un medio para expresarse, tanto con ellos mismos como también colectivamente.
— Valentina Camacho para Sofoco
Tengo alumnas migrantes y alumnas nativas y acompañarlas en los procesos de crear estampas siempre es muy, muy hermoso. Todas reciben el mismo proceso de aprendizaje de mi parte, pero las historias de las personas migrantes tienen matices y una visión diferente incluso de lo cotidiano, entonces en ese intercambio es gratificante ver cómo aprenden no solo una nueva habilidad para expresarse sino un propio modelo o punto de partida para darle forma a sus propios sueños, a sus propias luchas, a sus propias historias y a su propia vida, como un todo en sí misma y como partes de uno que ya dejan de sentirse fragmentadas.