
Barragán: el amo de un estilismo que vuelve transgresor lo social
‘BARRAGÁN SS30′ fue la colección con la que Víctor Barragán volvió a las pasarelas en Berlín Fashion Week 2026.
por Cami Arturi
Víctor Barragán es un diseñador que, si bien hoy radica en New York, nació en la Ciudad de México. Estudió Diseño Industrial en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y luego decidió emprender, creando en el año 2010 su primera marca de moda Ytinifnin nitY. Años más tarde y buscando ir más allá, movido por ese carácter transgresor que lo caracteriza, fundó la firma Barragán en 2014.
Para este mexicano no solo no existen barreras en la vida sino en la moda: todo está permitido, todo es expresivo y todo permite hablar de sexualidad y género. Con su marca logra transformar y canalizar en prendas todas esas sensaciones que nacen de la libertad del cuerpo, del ser único/a, sin prejuicios, bello/a por naturaleza y sexualmente libre.

Con cada una de sus colecciones descontextualiza, incomoda, transgrede y rompe barreras. Nos hace cuestionar absolutamente todo y en particular si lo considerado como deber ser es lo correcto: ¿es posible vivir sin prejuicios, más libres, en un mundo como el nuestro? Sus propuestas son versátiles y su intención es construir un público de todas las edades, etnias, sexualidades y medidas. Barragán es uno de los diseñadores contemporáneos que está rompiendo con los rígidos esquemas tradicionales de estética y belleza.
Su inspiración parte de una arraigada cultura mexicana pero retratada desde múltiples facetas, entre ellas, una nueva conversación en la que plantea nuevos ideales de consumo. Barragán fue fundada en 2014 como un simple proyecto que reflexionaba sobre género, identidad y política que a través de la moda, la fusionó con el arte. La firma regresó a los escenarios tras tres años de ausencia, con su fundador, Víctor Barragán como invitado internacional en la Semana de la Moda de Berlín 2026 (BFW). ¿Y qué escenario eligió Barragán para su desfile? La Embajada Mexicana. Una elección deliberada: el territorio donde el sentido de pertenencia se valida a través de protocolos y la identidad queda reducida a un número, las invitaciones al desfile ya marcaron el primer tono: fueron realizadas como pasaportes falsificados.

El desfile de la colección ‘BARRAGÁN SS30’ fue conceptualizado como una intervención artística inversiva de principio a fin. Abrió con una modelo embarazada vistiendo un ajustadísimo vestido verde y una seguidilla de modelos que caminaban a gran velocidad simulando el apuro del tránsito fronterizo, cargando incluso maletas. Modelos que parecían de una película erótica de los 90, rodeados de un ambiente de luces rojas y sonidos lúgubres junto a modelos con diversidad corporal, edades y géneros binarios.
Cicatrices, maquillaje corrido, dinero pegado al cuerpo o cruces de juguete formaron parte de los estilismos, que reforzaron la mirada especialmente en quien vestía más que en lo que vestía: una mujer con una cicatriz mal hecha en el vientre refería a la violencia de los abortos ilegales; otros modelos con cicatrices en sus cuerpos por luchas callejeras; personas con maletas, sellos de pasaporte o productos de estadounidenses; un modelo que vestía una camiseta con la cita «Bienvenido a América» mientras llevaba una nariz de payaso y un sportswear de estética queer y lúdica, crearon el contexto en donde convive la herencia mexicana de Víctor y vivir en Nueva York: las contradicciones y los destratos sociales con los que la inmigración suele vivir, aun logrando construir una carrera fuera. El nombre de la colección también fue un guiño: ‘SS30’, una alusión simbólica y cómica que celebra la fecha final del mandato presidencial de Donald Trump.
Para expandir el universo de ‘SS30′, Barragán se alió con creativos internacionales como Mats Rombaut, reconocido diseñador de calzado; Sentimiento, Cruda y Veneno MX, marcas independientes mexicanas que sumaron propuestas artesanales enfocadas en la deconstrucción y las texturas. Víctor Barragán entiende la moda como una forma de expresión social y al mismo tiempo la orquesta con performances enérgicas, donde la acción artística se vuelve un eje infaltable.

La cotidianidad fue el escenario porque no es más que el paso por la ciudad el que muestra las disparidades sociales. La vorágine de un mundo que profesa que hay que frenar pero no perdona el tiempo lento, el transporte público como convivencia de la discriminación clasista y las contradicciones mientras se camina y se mira para otro lado, fueron los paisajes que tomaron el centro de la atención. Barragán invitó a aceptar esa incomodidad, a reconocerla propia en cada prenda que parecía improvisada más que pensada para ser usada: las luchas internas, el choque de realidad y el caos nunca habitan en estilismos estructurados.
El desfile de Víctor Barragán logró imponerse como una red no solo de energía creativa sino como un manifiesto político. Desdibujó, una vez más, la frontera entre el desfile, el arte y la política, presentando personajes que exploraban las fricciones del mundo actual, que cada vez son más y nunca dejan de estar a la vista, aunque no queramos mirar. Nunca la moda es ajena y nunca provoca solo emociones: parte de su propósito es el reflejo, arista que Víctor Barragán sabe, entrelazándolo con el arte, explorarlo de manera distintiva.