
Vi el futuro en las manos de mi abuela
Madre es la columna personal de Jessica Signoretta, fundadora y directora editorial de Sofoco.
Hay una escena favorita de mi infancia que me gustaría retratar al óleo algún día: mi abuela cosiendo en su Singer y yo sentada en el sillón mirando María la del Barrio. Pasé esos veranos descalza, pisando hilos, retazos y mirando la ropa que mi abuela les cosía a señoras, creyendo que usar vestidos estampados, de una sola pieza y con tan solo un lazo en la cintura, era lo que te hacía ser una señora.
Hoy tengo más de 30 años y algunas veces por la calle me dicen señora. Por supuesto no respondo, me parece una aberración. Sospecho que la marca de retinol que uso no me está funcionando. Pero siempre estoy preguntándome qué es, para mí, ser una señora y hoy que mi abuela ya no está, pienso mucho en ella. Fue la señora más cercana que conocí.
En muchas sesiones con mi analista fui buscando qué señora quería ser, qué características de mi abuela me inspiraban y cuáles no quería repetir. Fue modista, recibida de la Academia de Artes Femeninas en 1949, una de las escuelas que fundó Eva Perón. Y sí, ella fue mi puerta, abierta de par en par, a la moda. Pero no supe cómo apropiarme del talento de sus manos. No sé cortar derecho, soy mala haciendo cuentas matemáticas y tomando medidas. Cero prolija para armar un molde, desastrosa dibujando figurines. Yo miraba sus vestidos, sus camisas, sus faldas y quería entender por qué sus clientas elegían esas prendas para vestirse.
Antes de que Sofoco existiera no sabía muy bien cuál era mi deseo como periodista. No lo quería ver, para ser franca. Sentí que la moda, que era una parte de mí, se fue con mi abuela y que tenía que vivirla tras bambalinas, solamente consumiendo y estudiándola. ¿Cuál era, entonces, mi forma?
Mi abuela fue una señora que vivió de lo que más amaba. Que a través de sus manos construyó desde y con la costura, su propio deseo. Sé que no tuvo la vida que exactamente quiso pero a pesar de eso, cosía y era ella misma, algo que se parece mucho a ser feliz. A mí no me gusta coser pero me gusta mucho escribir y eso, es lo que me hace ser yo misma. El mejor de mis insights. La mirada más honesta que puedo ofrecerle a la moda y la señora más honesta que puedo ser: una periodista de moda.
Lo que vino después fue Sofoco, algo que ya conoces. Con el diario del lunes, me da ternura y gracia un detalle: uno de los ejes editoriales y fundacionales de Sofoco es mostrar cómo Latinoamérica tiene que mirarse a sí misma para construir su industria. Sin su propia mirada valiosa, no puede volverse lo sólida que necesita y puede ser. Pero, ¿a quién le estoy diciendo eso, a la industria de la moda regional, a mí o a las dos?
Ahora el espacio donde escribo y creo Sofoco tiene colgado el diploma de mi abuela. Ese tesoro fue mi única exigencia familiar. Mi descarte no son retazos sino palabras. A veces, historias. Las mías, las que suceden en la moda y que no responden a la visión de Sofoco. Hay días en los que creo que está todo inventado y que Sofoco nació tarde pero hay otros en los que entiendo que hasta que no me vi a mi misma, no podía mirar a la propia región para así narrar su vestir.