Saltar al contenido

¿Quién legitima la vida y la muerte del periodismo de moda?

Madre es la columna personal de Jessica Signoretta, fundadora y directora editorial de Sofoco.

La epidemia discursiva que más detesto es la generalización. No solo como óptica de análisis hacia lo externo, sino aplicada también a lo propio.

En mi algoritmo curado cual burbuja de Instagram, hace rato se viene hablando de que el periodismo y los medios de moda están desapareciendo. Con el estreno de The Devil Wears Prada 2, se expandió el doble porque parece que la narrativa de la película, un poco lo confirma. ¿El argumento con el que sostienen esta verdad revelada? La situación actual de Vogue.

Atribuyen la decadencia de Vogue a la baja de ventas de la revista impresa y desde ahí lo conectan con una tecnología obsoleta, reemplazada por redes sociales, influencers, digitalización y marketing de marcas que construyen y expanden sus propios mensajes sin ya necesidad de prensa. Me entristece el argumento y me entristece que lo repitan sin parar sujetos que se autotitulan críticxs de moda y de cultura visual de la Región, apoyándose en testimonios de la generación Z para probar que ni siquiera saben qué es un puesto de diarios. Pero el papel no tiene nada que ver.

La decadencia de Vogue no es por formato sino por la forma. Su capital simbólico está construido a través de la imposición. No es propio de Vogue: así comenzó el periodismo de moda desde un inicio, en Francia, antes que todo, como herramienta política. Un grupo de acaudalados y políticos fusionados con sectores culturales para llegar a las masas que, después de la Revolución, tuvieron ápices de ascendencia y movilidad social (no solo como burguesía) y en consecuencia, curiosidad por el vestirse. Una manera más coloquial de perpetuar los roles monárquicos que decidían cómo había que vestirse, en forma de notas periodísticas y publicidad que construyeron “el buen gusto” y delimitaban lo que era fashion: esto sí y esto no.

Vogue conformó un monopolio de autoridad (y popularidad) en la moda, donde su palabra era incuestionable y los hilos sociales y culturales se manejaban desde ahí. Hasta la llegada de las redes sociales, no existían herramientas medianamente democráticas para que unx ciudadanx común expresara una opinión que trascendiera sus cuatro paredes, ni para que (aún más importante) unx profesional de la moda mostrara su conocimiento fuera de conseguir un puesto en el conglomerado. Explotaron las redes, explotaron los consumos, nacieron mil formas de comunicar moda: tarde o temprano, de tanta presión, el concreto se rompe.

Vogue tuvo bastantes años de changüí. Recién ahora se ve con claridad que se rompe y, en vez de hacer una autocrítica estratégica, rasga los ámbitos de poder lo más que puede para mantenerse. Cierra revistas adyacentes, llora falta de presupuesto, llora cambios tecnológicos, llora caídas de consumo. Cuando lloran porque la gente no lee revistas impresas, en mis mejores fantasías me imagino a Nacho Alegre de Apartamento y a Martina Mondadori de Cabana riéndose, mientras cuentan los millones que sus revistas impresas siguen generando. Ahora bien: ¿la situación de Vogue es la situación del periodismo de moda?

Aparece la generalización y con ella, mi urticaria. Principalmente cuando la replican críticxs de América Latina, región que Vogue subestima incluso desde la curaduría editorial que hace en Vogue México y Latinoamérica. Lo que está muriendo es el periodismo como imposición, que para ser honesta, siempre estuvo bastante lejos de lo que implica ejercer el periodismo. No hay público que haya demostrado que la moda ya no interesa, pero sí hay público que demostró que ya no consume el autoritarismo de la moda. No es que no existen historias que conecten: es que la exclusión discursiva de un periodismo vertical que quiere seguir teniendo la única palabra ya no es consumible. Si existen expertxs en moda con sus propios contenidos que humanizan y analizan el rubro desde el estilismo, el diseño y la cultura, al lado de quienes solo pretenden tener la palabra autorizada a través de la imposición, la vara del consumo va a inclinarse, por supuesto, hacia quien no excluya.

Entonces, los medios de comunicación de moda van a estar en crisis (o no van a poder crecer) si siguen haciendo el mismo tipo de periodismo que Vogue. No solamente porque ya no funcione, sino porque no es –ni puede ser- la única manera de abordar la moda. Permitime dudar, entonces, si la hipótesis sobre que la moda ya no interesa, no está directamente relacionada con cómo se la comunica. ¿Realmente la moda ya no interesa o el mirarla desde solo tendencias, colores, styling y con figuras públicas que refuerzan estereotipos es lo que dejó de generar interés?

El análisis de tendencias y el coolhunting son importantes como instrumentos de análisis de mercado interno. Elementos fundamentales para que las marcas sobrevivan: antes, el estilo lo moldeaban y lo formaban las marcas, ahora el estudio tiene que ser lo más minucioso posible para entender los cambios sociales y traducir eso a una colección rentable. Ya los imperios no deciden, se adaptan. Por primera vez, ya está cuestionada la veracidad del color del año según Pantone. ¿Cuánto más puede, entonces, el periodismo de moda sobrevivir, generar o refrescar el interés social de la moda, si cada acción por reforzar su intención aspiracional, compite con contenido que sí incluye? ¿Cuántas más tendencias necesita o le interesa saber al consumidxr, con un promedio de ingresos económicos medio/bajo, con mensajes paralelos que pregonan el conocimiento personal para crear un estilo de vestir que represente, ante tanta problemática ambiental, ante el exceso de pluralidad de información que muestra otros caminos que no sean el decirle a alguien cómo tiene que vestirse o por qué tiene que seguir odiando su cuerpo? Yo celebro que el imperio del dogma aspiracional como forma de catalogar la moda y comunicarla caiga, porque deja espacio a que otras formas y miradas levanten más la cabeza.

Que esté decayendo Vogue no significa que caiga el periodismo de moda, sino una sola forma de ejercerlo y una sola manera de abordarla y comunicarla. Sentirse parte de esa caída, desde América Latina, es injusto. Es hacer duelo por una forma que nunca nos incluyó y ni siquiera nos define. No puede la región abogar por un espacio en la industria perpetuando sistemas y formatos que no le pertenecen y que ni siquiera la relatan: hay que crear los propios. Hay que mirar los espacios vacíos y llenarlos con lo propio. Lo ajeno tiene las consecuencias de sus propias decisiones. Lo propio recién está emergiendo con fuerza. Sentirse parte de una crisis ajena es como cortar con un hacha una semilla que recién ahora entendió que puede ocupar un lugar en el mundo.

Otro día hablamos de las inteligencias artificiales en el periodismo, situación que no vive solo el de la moda. Antes que eso, quienes hablan de moda en la región y viven gritando que el periodismo de moda está desapareciendo, quisiera que revisen cómo está conformado su ombligo: ¿tiene elementos propios o solo tiene elementos ajenos? ¿Con qué ojos se lo están mirando? Y en vez de seguir de cerca la desaparición ajena, ¿por qué no usar esa energía, ese tiempo (¡y esa oportunidad, por favor!) para construir nuevos relatos, nuevas formas de comunicar y documentar moda, principalmente la latinoamericana y caribeña, que ahora lo necesita más que nunca, ya que los ojos del imperialismo reforzaron la observación (qué generosa estoy siendo al usar solo esa palabra) hacia la región, y devolverle así la importancia social, cultural e histórica que tiene?

Comparte esto:

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
Explora los demás textos
  • En las contradicciones, mi sensibilidad
  • Nos enseñaron a defender camisetas, pero no así patrimonios culturales
  • ¿Cómo se viste un pueblo abandonado?
  • ¿Quién legitima la vida y la muerte del periodismo de moda?
  • Cómo viviría vestida
  • LinkedIn
  • Instagram
  • Spotify

Latina, la América que nos viste

sofosofoco@gmail.com

Forma parte de Sofoco

Desde Argentina para América Latina y el Caribe

© SOFOCO 2026 Todos los derechos reservados

  • Português Brasileiro