
Crónica de un concepto desaprovechado
Atelier Pucheta-Paz, la firma de los diseñadores argentinos de Alta Moda, Gustavo Pucheta y Fabián Paz, presentó Anatomía, una colección que plantea volver a mirar el cuerpo como materia prima del diseño y cómo ésta mirada se fue perdiendo. Pero ¿qué cuerpos son los que mira Atelier Pucheta-Paz?
por Jessica Signoretta
La Moda puede ser la mejor escuela de introspección, siempre y cuando haya un interés por alimentar la consciencia. No es un ejercicio rebuscado, solo requiere de un movimiento simple: expandir la mirada. Cuanto menos reduccionista sea la forma en la que se mira, más espacio tiene la consciencia para expandirse. Cuanto más se expande, más se puede conocer, y cuanto más se conoce, más se entiende.
Separar la moda de la consciencia es una falacia. No existe una sin la otra, principalmente porque el cuerpo existe primero en la consciencia. La diferencia entre el cuerpo consciente y el cuerpo real suele ser, muchas veces, abismal. El cuerpo que creemos que vestimos suele ser el consciente, y no el real. Lo que interpretamos de las formas de nuestro cuerpo, y la lectura que hacemos al mirarlo, es aquello que en realidad vestimos. De ahí suelen surgir dudas muy primarias: ¿por qué, si esa persona tiene un cuerpo como el mío, se pone esa prenda y yo no? ¿Por qué creo que a esa persona no le queda mal esa prenda que a mí sí?
Pero, ¿qué pasa con la consciencia de quienes trabajan y crean para vestir a los cuerpos? ¿Cómo construyen la mirada hacia los cuerpos quienes diseñan? ¿Qué tanto expanden su consciencia, primero hacia sí mismos/as, para después plasmarla, a través de la creatividad, en piezas que visten a otros cuerpos que no son los suyos?
En la edición primavera-verano 2026 de BAFWEEK, Atelier Pucheta-Paz presentó su colección Anatomía. Una vuelta al cuerpo, claro, una declaración de principios, un manifiesto olvidado y crucial: antes que todo lo demás, existen los cuerpos y hay que mirarlos. La propuesta parecía interesante de boca de quienes diseñaban, ya que Gustavo y Fabián son expertos en Alta Moda y suelen diseñar sobre los cuerpos. Sin embargo, la colección volvió al cuerpo, como concepto, invisible.

La pasarela se llenó de figuras estandarizadas, cuerpos ultra delgados y cinturas desdibujadas. No existió la subjetividad: el cúmulo de cuerpos fue homogéneo, fabricación directa del estatus de la pasarela. El cuerpo, progenitor de la mirada que planteaba la colección, quedó desdibujado. Ante la lógica de que las protagonistas eran las prendas junto con los estilismos, el cuerpo cumplió su función de vidriera. En términos conceptuales, existió un solo tipo de cuerpo, leído desde la subestimación de la pertenencia a una aspiración estética. Al parecer, los cuerpos carecen de formas y espacios propios: solo se pierden en cantidades elegidas a través de la repetición.

Las piezas de Anatomía mostraron, en sí mismas, una libertad que no tuvieron los cuerpos. Los estilismos construyeron los submundos más subjetivos: las materialidades se combinaron desde una modernidad despojada, sensible y delicada, que excitaba todo el tiempo a la imaginación. Un millón de formas de vestir esas prendas según estilos, emociones, personajes, identidades. El vestir solo tuvo una regla, y fue la importancia de la calidad y el diseño. El propósito del cuerpo fue pasar desapercibido.

La crítica al cuerpo desdibujado en Anatomía no es simplista. No se trata únicamente de la falta de modelos curvys. O golden. Ni hablar de modelos marrones en Argentina. Se trata, primero, del aburrimiento de continuar rascando los modismos opresivos de la moda como única manera de seguir perteneciendo. Se trata de elegir un concepto tan filosóficamente antiguo como la mirada del cuerpo, y reducirlo y desdibujarlo en pos de sostenerse en un podio comercial. Se trata de olvidarse de la función primaria del vestir, existente antes que la industria, pero no antes que la expresión artística: la conexión intrínseca con el cuerpo.

El desfile de Anatomía fue, en sí mismo, una paradoja. Claro que el diseño tiene que responder a la mirada del cuerpo. Pero no desde un lugar guía de autoestima, sino desde la consciencia de que su función es vestirlos. Por tanto, su narrativa visual no puede objetivarlo. La unicidad humana radica en las diferencias de los cuerpos. No como característica soberbia de diferenciación, sino como contenedor de la existencia de la subjetividad, que es, básicamente, lo que nos hace personas. No existen dos cuerpos iguales, aunque pertenezcan a una misma categoría. Reducir los cuerpos es volverlos invisibles, en una colección que plantea que hay que volver a mirarlos, como materia prima de diseño. De parte de diseñadores que expanden el talento que tienen (que además es mucho), cuerpo por cuerpo, tomando miles de medidas, leyendo curvas, cinturas, hombros, piernas. Leyendo estilos e identidades. ¿No fue el oficio, entonces, suficiente material para haber expandido la consciencia y así trasladarla a la forma de mirar los cuerpos?