
Dixy Rodríguez encendió el Méximalismo: el espacio está para ocuparse
El Méximalismo se convirtió en una corriente de la moda regional que está marcando un nuevo rumbo: la observación de las raíces como formadoras de identidad se materializan en el vestir. Un futuro estilístico de la moda latinoamericana sobre las nuevas generaciones y el activismo cultural de su creadora.
Entrevista a Dixy Rodríguez por Sofoco
Toda imposición de la industria de la moda para marcar y avalar lo que es estilo (y lo que no) tiene filtraciones. Y en las filtraciones es donde justamente el vestir hace su parte: escucha y expresa. No pecamos de inocentes, sabemos que el capital simbólico de la industria es al día de hoy monstruoso y que corremos en gran parte, con desventaja. Entonces, la estrategia más poderosa que tenemos contra la imposición es nuestra propia consciencia.
Existió un status quo de pensamiento cultural en Latinoamérica que por muchos años fue casi incuestionado y que se trasladó al vestir: el simbolismo propio, los colores vivos, las estampas gigantes, las tipografías flúor, los accesorios eran, ante la mirada de los otros —los de fuera de la región, pero transferido a la gente de la región misma— un exceso, una exageración y una desprolijidad que no entraba en el canon de estilo ni de considerarse Moda.

Pero fue desde la valorización de la propia identidad, ampliar la mirada y descubrir qué lugar ocupa la moda como extensión del vestir de uno/a mismo/a que los latinoamericanos y las latinoamericanas crearon una base, que continúa solidificándose y que cambió la narrativa. Lo que ofrece el territorio y lo que atraviesa el territorio en el vestir es en sí mismo un formador de estilo.
Uno de los movimientos contemporáneos de esta nueva narrativa es el Méximalismo. Creado por Dixy Rodríguez, el méximalismo no es únicamente un activismo de diseño o visual sino también la expresión de una identidad y la revalorización del simbolismo mexicano sin ánimos íntegramente comerciales ante la industria de la moda.

«El méximalismo nace de mi historia personal. Crecí en el barrio de Santa Julia y entre los pasillos del Mercado Juárez, donde mi familia ha trabajado por cuatro generaciones: desde mi bisabuela, mi abuela que hoy tiene 90 años, mi mamá y mis primos. Mi infancia fue entre frutas, flores, piñatas, ruido y comunidad. Cada 12 de diciembre mi colonia se llena de luces, altares y sonideros. Crecer en un entorno así te marca para siempre, porque entiendes que tu identidad no es silenciosa ni minimalista. Viene del ruido, del color, de la calle y de la comunidad. Y para mí, eso es méximalismo: no es una tendencia. Es de dónde vengo. Los méximalistas no venimos a ser discretos. Vivimos en un momento donde lo minimalista y lo neutro dominan muchos espacios creativos y el méximalismo propone todo lo contrarios. Demasiado color, capas, símbolo, mercado y barrio. Es vestirnos con todo lo que somos, sin editar y sin bajar el volumen».
— Dixy Rodríguez para Sofoco

El méximalismo es también una ventana a toda América Latina: invita a mirarse con los ojos propios y no con los ajenos. Invita, además, a repreguntarse, para generar consciencia y con consciencia nuestro vestir nos hace expresar quienes somos. No porque la genuinidad sea una meta, sino porque cuando nos amigamos con lo que somos, lo vemos, lo entendemos y lo sentimos, nos es más fácil encontrar nuestro propio estilo. Esto nos libera de las imposiciones y al alejarnos de las tendencias, el sistema a cuenta gotas, se vuelve menos contaminante y dominante.
¿Cómo nuestros colores, nuestras bijous doradas y plateadas, nuestras remeras llenas de imágenes, grafitis, estampas con animales, flores enormes, carteles, puntillas, modal, gorras, pañuelos, aguayos, cruces, faldas compradas en las ferias y los mercados, sombreros, camisetas de fútbol y la lista de elementos que forman nuestra cultura, no van a ser un estilo, si es justamente lo que somos? ¿Y no tiene el estilo, entonces, que reflejar eso? Puede que esa sí sea (la única) regla que debería seguirse.