
El gozo de la piel vestida de color
Un acercamiento poético a la importancia histórica que tiene el Carnaval en América Latina y el Caribe y a cómo materializa la identidad de los pueblos.
por Sofoco
¿Cuántas historias de carnaval puede contar un medio de comunicación, si el pasado y el presente se vuelven un mismo momento lleno de infinidades? Cuando un traje de carnaval toca la piel, la identidad se transforma. En carnaval nos vestimos para ser, una vez al año, quien quisiéramos ser, quien recuerda las prácticas ancestrales, quien se conecta en línea directa con lo espiritual. Cuando un traje de carnaval toca la piel, la identidad nueva encuentra libertad.

El sincretismo y el mestizaje cultural de los carnavales es tan solo la parte más visible de la construcción de los pueblos latinoamericanos. No se juzga la sangre, no se juzgan los miedos. Se invita al Otro, se le muestra de qué esta hecha su tierra, se celebra que entre el cemento y los pantanos todavía hay algo de vida que celebrar.
La identidad propia cambia para todos y todas en los carnavales, no solamente para quienes la sostienen con el movimiento. Aquel que no adapta su vestir a los colores, sí adapta sus ojos mientras participa. Y cuando ve, también se ve: en esa libertad de quien, por unas horas, por unos días, es el personaje que quiere ser y sale a bailar; y en la imagen que tiene de la historia de su propio país, mientras mira los trajes tradicionales.

El tiempo se frena en el carnaval. La historia, las interpretaciones y las vivencias arman un presente compartido y estático. Se parece mucho a cómo el tiempo acompaña a las bordadoras y bordadores. Quienes bordan parecen frenar pero en realidad construyen. Arman piezas con técnicas ancestrales, paren y después las hacen crecer, hilo tras hilo, patrón tras patrón, herencia tras herencia. El sostén de la cultura de un país deslizado a través de las manos.
Los trajes de los carnavales se confeccionan muchas veces hasta con un año de anticipación. Todos se hacen íntegramente a mano. Es una economía de explosión temporal, que después no ofrece solidez; y la discusión de los artesanos y las artesanas es la misma el resto del año: ¿cuánto trabajo artesanal ofrecen las marcas de las industrias locales y cuánta compensación, protección y remuneración justa reciben quienes lo hacen, de parte de los agentes privilegiados de la industria y la de las políticas de Estado?

Pero en carnaval no hay preguntas. Solo hay identidades y pieles que a través de los colores y del amor con el que paren sus prendas, respiran y festejan. Por unas horas, por unos días, son libres. Cada uno y cada una viviendo su identidad elegida. Cada uno y cada una vistiéndose para celebrar y darle libertad a su propia historia.